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Propuestas del lenguaje ciudadano

En el artículo Plain English Movement explicamos los orígenes de este movimiento en los Estados Unidos. Ahora veamos que también tuvo un gran impacto en países tales como Canadá, Australia e Inglaterra.

Canadá

En 1978, la Royal Insurance Company presentó una póliza de acuerdo con los criterios del Plain English y en 1979, el Banco de Nueva Escocia publicó un contrato de préstamo respetando esta nueva tendencia en la redacción de documentos del ámbito administrativo.

En 1988, dentro del Canadian Law Information Council se creó el Plain Language Centre, que ha publicado una variedad de documentos de gran interés, por ejemplo, Guidelines for Writing, Editing and Designing, en donde se recomienda definir claramente el sujeto y el objeto de cada verbo, evitar el uso de la voz pasiva y de las nominalizaciones, evitar usos sexistas, tener en cuenta los conocimientos del destinatario, y evitar formulismos jurídicos, entre otras pautas.

Australia

En 1984, la Law Reform Commission of Victoria impulsó el uso del Plain English en los documentos legislativos y jurídicos privados. Se hizo especial hincapié en la claridad de la organización del texto, y en la estructura gramatical y terminológica.

Inglaterra

En 1975, se crea el National Consumer Council y en 1979, se funda la organización Plain English Campaign. Cabe destacar especialmente la labor de la Universidad de Reading que, en 1982, preparó un informe sobre los formularios de la administración pública en el que señaló que, en la mayoría de los documentos, se apreciaban estructuras superfluas y un diseño deficiente. En consecuencia, se creó el Forms Information Centre.

Con el fin de fomentar el uso del Plain English se escribieron varios libros. Entre los más representativos, se encuentran los siguientes:

–          Legal Writing: Sense and Nonsense, 1982, de David Melinkoff

–          The Fundamentals of Legal Drafting, 1986, de Reed Dickerson

–          A Dictionary of Modern Legal Usage, 1987, de Bryan A. Garner

Las recomendaciones generales más importantes que podemos rescatar de esta bibliografía son las siguientes:

  • emplear la mayor claridad posible;
  • usar ejemplos;
  • usar tamaños de letra fácilmente legibles;
  • dejar suficiente espacio como margen;
  • emplear tablas y diagramas;
  • dividir el documento en secciones;
  • ubicar juntos los párrafos relacionados;
  • ordenar el contenido en una secuencia lógica: lo general antes de lo específico, y lo ordinario antes de lo extraordinario;
  • omitir los detalles innecesarios;
  • introducir en el primer párrafo un resumen;
  • asignar a cada párrafo una idea;
  • utilizar conectores;
  • usar preferentemente frases breves: de no más de 25 palabras;
  • poner el sujeto al inicio de la frase y cerca del verbo;
  • usar preferentemente la voz activa;
  • utilizar palabras familiares;
  • evitar repeticiones;
  • en los documentos técnicos dirigidos al público, explicar los términos especializados cuyo uso resulte inevitable;
  • evitar el abuso de construcciones negativas;
  • utilizar siempre el mismo término para referirse al mismo concepto.

Es una buena idea emplear todas estas sugerencias para una redacción más clara y directa en nuestras traducciones.