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Lenguas indígenas: palabras de sabiduría ambiental

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Las soluciones climáticas podrían volverse más factibles si nuestro lenguaje reflejara el esfuerzo de los humanos para proteger la Tierra. Imaginarse un cambio en el lenguaje que ponga la relación de la humanidad con la naturaleza en un primer plano podría conducir hacia una visión más holística de nuestro clima. Y podría ni necesitar la invención de nuevas palabras. En su lugar, podemos mirar hacia algunas de la lenguas más antiguas y hacia algunos de los conocimientos más antiguos que ya existen en las culturas indígenas.

La misión del proyecto Living-Language-Land es de ser un «viaje a través de las lenguas en peligro de extinción y las lenguas minoritarias que revelan distintas formas de relacionarse con la tierra y con la naturaleza». Para la conferencia COP26, los líderes, artistas y traductores del proyecto, personas de todas partes del mundo, identificaron 26 palabras de entre varias lenguas indígenas del mundo. Todas estas palabras señalan las conexiones que tienen las culturas minoritarias con sus tierras de origen. Veintiséis grabaciones de estas palabras fueron publicadas en las vísperas de la COP26.

Hay un amplio espectro de significados en estas palabras. Algunas de ellas se refieren a elementos del paisaje, como morfa (en galés), del país de Gales (Reino Unido), que significa «lugar de mar», «lugar próximo al mar», o «lugar esculpido por el mar». Otro ejemplo es yii (en lengua khwedam), del noreste de Namibia, que significa «árbol», «madera» o «planta medicinal».

Otras palabras, sin embargo, se refieren a un nivel de conexión con la naturaleza mayor al que es inherente a los humanos. Estas palabras suelen alcanzar ideas que parecen intangibles o difíciles de describir, por lo menos en inglés. Un ejemplo de esto es wíyukčaŋ (de la lengua lakota), de las Grandes Llanuras del centro de Estados Unidos, que significa «consciencia» o «conocimiento».

Impulsar estas formas de pensar la conexión de la humanidad con el mundo natural fue de especial importancia en el marco de las COP26. Según su página web, el proyecto Living-Language-Land busca «dar a una público global una inspiración nueva para afrontar la crisis ambiental».

Neville Gabie, uno de los creadores del proyecto, ha dicho al diario The Guardian, que «las conversaciones del COP26 están dominadas por un concepto occidental sobre cómo afrontamos el cambio climático». También agregó que «estamos intentando decir que parte de la solución es un cambio en la manera de pensar, lo que puede ser inspirado por otras comunidades que han convivido con la naturaleza de una manera muy distinta a la nuestra».

Ampliar el panorama es la clave de la cuestión. Con nuevas palabras (es decir, con palabras que son nuevas para algunos), el proyecto espera alcanzar su meta de cambiar el pensamiento sobre la crisis climática y enfocarse en la conexión profunda e integral entre los humanos y la naturaleza. Con este enfoque, esperan enfatizar por qué proteger la naturaleza es tan importante.

Palabras como napuro (de la lengua cuyana), del archipiélago cuyano en Filipinas, que significa «un bosque que parece una isla dentro de una isla» están vinculadas con los detalles de un lugar. Entre la cultura y el clima, los elementos de la naturaleza representados en el lenguaje reflejan la conexión de los humanos con esas partes de la Tierra, con la existencia y con el prójimo.

Algunas palabras son mucho más largas en su traducción inglesa (o española), como itrofillmongen (del mapudungún), de la zona del lago Budi, en el territorio ancestral de los mapuches, que significa «los elementos tangibles e intangibles de la diversidad de la vida». Es interesante reflexionar sobre las formas en que los humanos encuadran sus conexiones con la tierra y cómo estos marcos se han hecho tan comunes que pueden encapsularse en una sola palabra.

Pero, en inglés y en otras lenguas vivas modernas, no hay una traducción directa de esta palabra. No solo las lenguas minoritarias se extinguen, sino que también esta forma de conectarse con la tierra también se extingue.

La misión de este proyecto no necesariamente pide que el público memorice estas palabras para su uso personal. Es poco probable que nosotros podamos incorporar la palabra ས་བདག, o la palabra sardak de Ladakh (India), que significa «los ancestros y dueños de la tierra», a nuestro vocabulario cotidiano.

En su lugar, quizá sea posible incorporar aquella idea a nuestra visión del mundo. Y, luego, esta idea podrá tener un lugar en nuestra toma de decisiones. Puede influenciar los actos que cometemos.

Celebrar las lenguas minoritarias es importante en parte por las ideas que contienen. Las historias específicas de estas culturas indígenas y su relación con la Tierra son importantes. Podemos aprender de ellas mientras intentamos reimaginar nuestra propia relación con la Tierra frente a la crisis climática.

EL lenguaje es una forma de recordar estas conexiones y de darles nueva vida.

El camino hacia el cambio puede ser largo, pero cada palabra trae consigo una idea importante que, con suerte, tendrá una larga vida en la conversación sobre el cambio climático. Después de la conferencia COP26, Gabie escribió en el blog del proyecto: «Mientras que a todos los políticos les gusta ser escuchados, mucho más se obtendría si fueran así de abiertos a escuchar a otros. No es hasta que uno realmente se abre a escuchar las experiencias y la sabiduría de otras voces que se puede comenzar a emprender el camino de la empatía. Y es más que eso. Escuchar ha cambiado la forma en que yo veo y entiendo mi propia experiencia a través de comprender un poco sobre cómo otras comunidades se conectan con la tierra, con la naturaleza y con el prójimo.»

 

Foto de Casey Horner en Unsplash