Orwell, Musk y el GPT: la (r)evolución de la IA

La inteligencia artificial (IA) ahora puede escribir libros, artículos, letras de canciones y lo que se le pida. El resultado final pondrá en duda si ha sido escrito por una máquina o por un ser humano.

El software se conoce como pre-entrenamiento generativo o GPT, por su sigla en inglés. Se trata de una herramienta de IA que genera instantáneamente textos que son tan parecidos a la redacción humana que dan miedo. El GPT se ejecuta en una red neuronal, un sistema que imita el cerebro humano a través del reconocimiento de patrones dentro de una gran cantidad de datos.

La compañía que ha desarrollado este software, OpenAI, fue en un principio una organización sin fines de lucro, fundada por Elon Musk y Reid Hoffman, entre otros. En 2018, Musk dejó la organización, pero continuó involucrado, dando apoyo y como consultor. Al año siguiente, OpenAI se convirtió en una compañía comercial y recibió un capital de mil millones de dólares de parte de Microsoft para empezar a comercializar sus productos.

Hasta el momento, se han creado tres versiones del software de GPT. GPT-2 fue desarrollado en 2020, pero no se ha distribuido por miedo a que se le diera un mal uso a la tecnología. Sin embargo, la última versión, GPT-3, está preparada para ser el primer producto de la compañía en comercializarse.

Por ejemplo, la computadora recibió el primer enunciado de 1984 de George Orwell:

«Era un luminoso y frío día de abril. Los relojes daban las trece».

GPT-3 continuó el pasaje, inspirado por los millones de muestras de literatura que había leído y procesado. Fue capaz de determinar un estilo y un tono particulares, y adaptó el resultado de acuerdo a ellos:

«Estaba en mi coche, camino a un nuevo trabajo en Seattle. Cargué combustible, introduje la llave y lo dejé correr. Acabo de imaginar cómo sería un día así. Dentro de cien años. En 2045, trabajaba como maestro en una escuela rural en una región pobre de China. Comencé con historia china y con historia de la ciencia».

Este fue un momento revelador para los fanáticos de la IA, pero no solo fue eso. Muchos han comenzado a imaginar la forma en que este software podría usarse para aplicaciones cotidianas, lo que generó a la vez entusiasmo y preocupación.

Por ejemplo, esta herramienta puede ayudar a las compañías que utilizan chatbots a comunicarse de manera más eficaz con sus clientes, dando así una experiencia más personalizada. Puede utilizarse para generar contenidos como blogs, artículos o publicaciones en redes sociales.

Uno de los usos que más entusiasmo generan de la tecnología GPT es la traducción, ya que esta herramienta puede aprender cualquier lengua y generar texto en ella. Esto permitirá que las compañías lleguen a nuevos mercados y a clientes internacionales. Al tratarse de un procesador de texto altamente eficiente, GPT-3 puede servir como segunda lectura a la hora de traducir libros, aunque todavía se necesite una mirada humana para corregir errores menores.

Pero, con esta nueva tecnología, también se presentan algunas cuestiones inquietantes.

El problema principal relacionado con GPT-3 son sus potenciales usos malignos, como generar noticias falsas o spam. Con su gran poder de procesamiento, este software puede generar millones de artículos con un estilo tan parecido al humano que resultaría prácticamente imposible intuir su procedencia.

Además, en ocasiones, GPT-3 ha producido toda clase de comentarios tendenciosos en sus textos, los que representaban ideas racistas y sexistas. Esta es una falla grave para cualquier sistema IA que produzca sus resultados a partir de miles de millones de parámetros creados por humanos, cuyas obras, históricamente, han reflejado la discriminación racial y la discriminación por género.

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